Fran Beaufrand: “Venezuela se convirtió en un espacio interesante para la fotografía”

El reconocido fotógrafo venezolano de la moda y la publicidad reflexiona sobre su oficio / Realizada el 5 de julio de 2017

http://franbeaufrand.com/


Aquí nos paseamos por las diferencias entre la fotografía de moda y la publicitaria, la crisis de la industria, el tema ideológico en lo fotográfico y la formación del fotógrafo

De Cartier-Bresson he sabido sobre su encanto y su carácter discreto, “que pasaba desapercibido y anónimo en la multitud”, gracias a las palabras iniciales de Yvonne Baby, en la entrevista que le hizo al gran fotógrafo francés en 1961. La leyenda de su encanto precedía su presencia y muchos, sin conocerlo en persona, podían hablar de él como un hombre excepcional, más allá de su indudable maestría fotográfica. De igual manera, muchos se impresionaban con las imágenes producidas por este maestro del foto reportaje sin llegar a conocer siquiera el nombre del autor. Sin embargo, Henri Cartier-Bresson fue un nombre icónico, de importante resonancia, nombre que trascendió incluso las imágenes que produjo, por estar rodeado de esa aura hechizante, de ese discreto charme bourgeois.

Algo parecido me sucedió con Fran Beaufrand, un fotógrafo de nombre también sonoro, por cierto, y rodeado de igual forma por un aura cautivadora; cada vez que escuchaba hablar de él, desde mis iniciales contactos con el mundo de la fotografía durante los años ochenta en Maracaibo, palabras amables y maravilladas surgían.

De allí a toparme con la primera imagen de Beaufrand que llamó mi atención, aquel autorretrato desafiante, provocador, en regio blanco y negro, pasó un buen tiempo, y de este momento al primer contacto en directo, durante una charla reciente, muy reciente, en la Sala TAC del Trasnocho Cultural, mucho más años, en verdad. Volver a revisar lo que había visto de su trabajo fue un acto casi inmediato luego de escuchar sus intervenciones en la sala TAC, y decidir llamarlo para proponerle la entrevista llevó incluso menos tiempo: Fran Beaufrand desprendía tanto encanto en su trabajo fotográfico como en las palabras que brindó en la charla.

Con un viaje a México de por medio para ir a cumplir compromisos laborales, el acuerdo de la entrevista se hizo, y la preparación de la misma, la batería inicial de preguntas que siempre elaboro luego de la pesquisa, aunque sirvió de guía inicial, terminó por quedar de lado para abrir el camino a la conversación intuitiva, que partió de intentar conocer al fotógrafo y al hombre que tenía enfrente, y de quien, incluso cuando anuncié en mi Facebook que sería mi próximo entrevistado, volví a recibir comentarios encantadores. El resultado es, entonces, el que sigue.

Comencemos por algo simple: ¿Quién es el fotógrafo Fran Beaufrand?

Soy el resultado de la generosidad de otros fotógrafos, porque cuando me inicio en este campo no tenía una formación de fotógrafo. Era licenciado en artes, pero sin ningún acercamiento a la fotografía, ni desde lo teórico ni desde lo práctico. Y gracias a amigos que fui haciendo en el camino es que pude encontrar un poco más de herramientas a la hora de asumirme como fotógrafo.

De hecho, muchas de mis inseguridades y miedos iniciales venían desde allí, de no tener la experiencia que acompañaba a aquellos que habían podido estudiar fuera, algunos que se formaron en Nueva York, otros en Europa. Pero yo no, a mi nadie me enseñó nunca cómo manipular una cámara, o cómo hacer un revelado, o resolver temas técnicos.

Llegué de manera muy empírica a la fotografía y esos miedos los tuve que resolver de distintas maneras, y los resolví quizás porque la propia pasión hacia lo que hacía me permitió trabajarlos. Y por otro lado gracias al apoyo que tuve de amigos y conocidos que me dieron claves.

Autorretrato. Foto: Fran Beaufrand

¿Claves técnicas?

En parte. Amigos que me dijeron: “mira, esto se revela así, vente un día a mi laboratorio para que veas cómo se hace”. O: “Si tienes que resolver esto, mejor que lo hagas con este lente”. O: “Oye, tienes que comprarte un equipo con estas características para que puedas hacer esto”.

Lo importante es que así fui construyendo un recorrido gracias a la generosidad de muchos. Entonces cómo no mencionar a estas personas que permitieron que yo sea el fotógrafo que soy. Y además siempre he tenido muy claro que uno no es químicamente puro, sino el resultado de la fusión de elementos que te influyen, que te marcan, que te construyen. Y así ha sido mi recorrido.

¿Un recorrido por un oficio cuya práctica es -como me lo han dicho otros fotógrafos- siempre en solitario?

Bueno, yo me hice fotógrafo en un momento en que solo tenía los libros como referencia y buen ojo para escoger lo que me gustaba, además de la oportunidad de viajar. Y en todos los viajes mis adquisiciones, siempre, eran libros de fotografía. Y claro, el oficio era en solitario y asumiendo todo desde mi control.

Pero luego, y allí si tengo que hacer una acotación, el trabajo que comienzo a desarrollar empieza a involucrar gente, porque la fotografía de moda, que es el ámbito donde me consolido, me obliga a trabajar en equipo.

Ese es otro de los grandes aprendizajes de mi vida, el trabajo en equipo, aprender a dirigir a un grupo con el carácter que se requiere para que las cosas fluyan y funcionen.

Entonces me acostumbre a que el trabajo ya no era tan solitario, que depende de ese equipo que construyes y es clave la gente que te rodea a la hora de hacer un proyecto.

Yo fui construyendo una familia en el campo profesional, que ha variado según los años y las experiencias, pero eso me llevó a acostumbrarme a trabajar como lo hacen los cineastas, que necesitan incorporar a otros para que el trabajo sea óptimo.

¿Cuál es el secreto para que en ese trabajo en equipo, donde intervienen muchos otros a la hora de producir una imagen, aunque seas tú quien la concibe, dirige y ejecuta, se mantenga tu identidad, esa “marca” que te identifica como Fran Beaufrand?

Es que el trabajo es como el del director de orquestas. Afinas según tu oído y vas armando la solución de acuerdo a tu criterio y haces que toda la orquesta suene como quieres escucharla.

Es así en este caso, la estética del fotógrafo determina el resultado final, tiene que ser así. Mis trabajos tienen mi sello personal porque yo veo las cosas de una determinada manera y desde allí doy directrices, establezco lineamientos.

En consecuencia, nada es improvisado.

Hay un margen para la improvisación y de libertad, pero yo tengo que conducir el trabajo hacia donde quiero que llegue. Entonces, en definitiva, es mi ojo el que toma la decisión final.

Hablas de inseguridades y de miedos iniciales, sin embargo tu trabajo, desde los inicios en la fotografía de moda, marca diferencia con la forma y con la estética que se imponía en la década del ochenta. ¿Cómo hace alguien inseguro para lograr estas distinciones?

Es que el tema estético estuvo claro desde el principio, el cómo quería ver y mostrar las cosas. Hay algo en la intención y en la intuición del creador que lleva a que la situación tome un rumbo y que el resultado sea determinado por esa manera de hacer y de ver.

Allí no tenía dudas. Mis dudas siempre estuvieron ligadas al tema técnico, básicamente porque yo no tenía una formación como fotógrafo profesional, y también porque trabajé -o trabajo- en un área que en Venezuela no era respetada o vista como uno de los lenguajes que merecía ser considerado dentro de lo fotográfico.

Entonces me tocó enfrentarme con un mundo de fotógrafos y de gente interesada en la fotografía bastante ajenos a aquello que yo proponía. Recordemos que la Venezuela donde me formé es aquella en que la fotografía viene de una fuerte vertiente documental, de extraordinarios fotógrafos en esa área, donde una propuesta onírica, más ligada a una exploración íntima, personal, no era frecuente, y eso me tornó difícil el plantarme con un trabajo como el que hacía sin recibir el feedback de mi tiempo.

¿Y nunca pensaste o estuviste tentado a abordar el lenguaje documental, al menos en un trabajo?

Es que no me sale lo documental, porque no es mi manera de comunicar. Lo admiro y admiro a los fotógrafos que lo hacen, pero yo no puedo construir imágenes de esa forma, porque no resultan como quisiera, en todo caso. En cambio, cuando parten del mundo que yo creo es cuando estoy cómodo, ahí siento que estoy hablando como el fotógrafo que quiero ser.

¿Fue más sencillo que te comprendieran fuera de las fronteras venezolanas?

No. Además a mi las fronteras fuera de Venezuela tampoco me interesaron mucho. Yo soy un fotógrafo que me asumí como venezolano siempre y más bien el reconocimiento que buscaba, que siempre uno desea, es el de tu entorno, el de tu país. Que tardó en llegar, pero está bien, mientras tanto llevé palo, del bueno y duro. Y eso no estuvo mal, porque también te da herramientas para fortalecerte, para conocerte, para sentirte seguro de lo que haces. Y recuerdo que así como tuve detractores, también tuve el apoyo de muchos otros. Recibí palabras maravillosas de Claudio Perna, de Ricardo Armas, de Luis Brito, entre otros, que me alentaron y me hicieron sentir que estaba en el camino correcto.

Hombre Joven. Foto: Fran Beaufrand

Los grandes exponentes de la fotografía de moda han llegado a serlo porque rompieron prejuicios, como el estadounidense Richard Avedon, por ejemplo. ¿Cuántos prejuicios ha roto Fran Beaufrand en el mundo venezolano de la moda?

Creo que cuando mi trabajo se vea ya a distancia se entenderá mejor. El tiempo será el que establezca de mejor manera qué paradigmas he logrado romper, desde mis inicios en el campo de la moda en los tempranos ochenta, o qué cambios se dieron con mi trabajo, porque ni yo mismo los tengo claros, aunque sí hay cosas que desde un principio quise hacer notar en mi propuesta.

Cuando hablo de una belleza diferente, no convencional, de la ambigüedad como posibilidad, de lo andrógino, de lo gay, estoy dando un espacio para la reflexión y la aceptación de ideas que no están planteadas, o no lo estaban de esa manera cuando me inicio como fotógrafo en los tempranos ochenta.

La década de los ochenta es la época en la que Venezuela sufre la primera gran crisis socio económica de la era democrática, cuya deriva es esto que vivimos en la actualidad. Sin embargo, la misma crisis posibilita el surgimiento de alternativas y de nuevos rumbos para la fotografía: se abren galerías, se asume el color, la experimentación con el collage, la intervención y manipulación de la imagen, etc. Tú has advertido, en algunas entrevistas, sobre la dificultad que significa producir para el mercado de la moda y la publicidad en estos momentos, por causa de la fuerte crisis que arrastra el país desde hace un par de décadas. ¿No hay, como en los ochenta, la posibilidad de nuevas alternativas para el mercado fotográfico?

La crisis de los ochenta impulsó a muchos creadores nacionales a desarrollar proyectos en el país, lo que constituyó un gran momento para las artes y para la moda. En ese entonces surgieron muchos fotógrafos, algunos lograron unas carreras extraordinarias, otros más cortas, pero fue un buen momento para la fotografía. Y por otro lado fue un extraordinario momento para la moda, donde surgieron diseñadores y marcas nacionales que crearon un mercado importante, creciente, y que dieron espacio a la creatividad.

En este momento la situación es diferente, porque la crisis ha impulsado al éxodo. Lo lamentable de esta crisis es que a diferencia de los años ochenta los creadores de ahora huyen del país; en los ochenta se quedaron y construyeron desde acá. Pero eso no quiere decir que no vayan a volver, y esa es mi esperanza, que mucha de esta gente que se ha tenido que abrir camino afuera, por las dificultades para trabajar en Venezuela, por la escasez de trabajo, porque la industria de la moda se redujo a su mínima expresión, porque la publicidad pasa por la peor crisis que ha tenido a lo largo de su historia, tenga el momento de resurgir en el país, que regresen para seguir construyendo en Venezuela.

Yo espero, simplemente, que esta crisis permita que muchos de estos creadores regresen y que los que estamos aquí podamos seguir desarrollando lo que nos gusta hacer, ampliando las posibilidades que nos de el momento futuro.

Flor en corona / Las Teticas. Fotos: Fran Beaufrand

Has dicho que la imperfección y lo efímero son dos conceptos que te interesan y colocas en práctica. Esto parece ir en contrasentido a las exigencias del mundo de la moda y la publicidad, donde la imperfección no tiene cabida, al punto que se busca eliminarla con el empleo del recurso de retoques digitales (photoshop mediante). ¿Cómo logras conciliar esto?

Es que son dos espacios diferentes el de la publicidad y el de la moda. La publicidad maneja esquemas convencionales, donde sí, la perfección y la belleza recurren muchas veces a los estereotipos del momento.

En la moda se rompen más los paradigmas, o con más frecuencia se avanza en los cambios relacionados con la belleza. Y es allí donde me interesa el tema, porque entiendo que el concepto de belleza depende de circunstancias históricas y sociales, y que la belleza de lo diferente es lo que me atrae y es lo que he tratado de llevar a mi discurso, porque es una manera de valorar lo humano desde una perspectiva más amplia, es reconocer al otro en sus defectos y no aislarlo. En el campo de la moda eso es permitido, es posible, y es lo que he tratado de hacer en muchas de mis imágenes cuando incorporo a gente que no responde a la belleza tradicional, que tienen un aspecto sumamente extraño.

Pero no soy yo solo, eso es algo presente en el campo de la moda. Y creo también que en esa búsqueda permanente de renovar el discurso tiene cabida esa idea, porque eso es la moda, un cambio permanente, y es lo que me interesa.

Aquí tenemos por un lado esa idea de la belleza que a mi me interesa cuestionar y por otro el concepto de lo efímero, porque también entiendo que todo es susceptible de transformarse y de acabarse.

¿Pero la fotografía no busca, por el contrario, el congelamiento y la perpetuidad?

Cuando pensamos en fotografía, pensamos en la idea de que retenemos algo, de que detenemos algo. Y esa es la gran mentira de esta historia. Lo que logramos es atrapar un fragmento del tiempo en un rectángulo; esa no es la realidad, pero nos da la sensación de que atrapamos el tiempo. Y esa obsesión está en la mente de los fotógrafos, pero yo lo entiendo como algo que es inasible, como el tiempo mismo. Todo es susceptible de acabarse, de transformarse, de desvanecerse, y por eso hay una serie que he venido trabajando a cuenta gotas, que son las imágenes desenfocadas, imágenes que tienen que ver con lo que se desdibuja, se borra, se diluye como la vida misma y el paso del tiempo.

Aún sin haber tenido una educación formal en fotografía, tus reflexiones sobre lo fotográfico presentan una aproximación a lo fundamental, buscan no quedarse en la superficie. ¿Le debes esto a tu formación en artes plásticas por la Universidad Central de Venezuela, o es también parte de un crecimiento autodidacta?

Sí, creo que mi formación en la escuela de artes es clave en toda la reflexión que hago hoy en día. Tuve allí extraordinarios maestros, como Miguel Arroyo, Isaac Chocrón, José Balza, José Ignacio Cabrujas. Estuve rodeado de unos pensadores excepcionales, que me hicieron trabajar a partir de la duda, y creo que eso es clave, eso me hizo mirar las cosas de otra manera, cuestionarlas, revisarlas. Y también ha sido parte de mi vida; es decir, en lo personal y en lo profesional he tenido que revisarme y replantearme muchas cosas.

Creo que de allí sale esa permanente intención de mirar las cosas desde distintos ángulos. Para mí fue revelador cuando leí a Umberto Eco por primera vez y entendí el concepto de la obra abierta, que es leída de distintas maneras a través del tiempo y a través de los ojos de quien la mira, y eso me inquietó y me permitió también tener un argumento para ver las cosas desde múltiples puntos de vista.

Moda. Foto: Fran Beaufrand.

Las lecturas son múltiples y el trabajo nunca está realmente terminado. Vamos de Eco a Goethe, a aquella exclamación de Fausto: “Detente instante, ¡eres tan bello! Puedes cargarme de cadenas”. Un clamor que puede ser leído como una llamada a detener cualquier intento de desenlace, pues el fin significa la muerte de lo bello, que -según Goethe- radica en el proceso y no en la conclusión. Esto lo relaciono con el Bresson del “instante decisivo”, con ese afán de capturar lo efímero no para congelarlo y darle fin estático, sino para perpetuar su proceso en una imagen estéticamente bella, que al mismo tiempo lo somete al imperio de lo acabado cuando se cierra sobre sí misma para hacerse una unidad con significado propio, incluso un documento autónomo, como aquella emblemática “Derrière gare Saint-Lazare” (París, 1932), que tantos otros fotógrafos -sobre todo aficionados- han intentado imitar. ¿Hay ese “Detente instante eres tan bello” en el mundo fotográfico de Fran Beaufrand? ¿Hay esos momentos decisivos en tu trabajo fotográfico?

Sí, a veces cuando estoy trabajando me doy cuenta de que llega el momento perfecto, y es allí donde me quedo sin aliento, no respiro porque quiero que el clic sea inmejorable. Y siento que está lograda la imagen cuando me quedo sin aliento.

Entonces sí, hay algo de eso que me conecta con un espíritu que creo que es propio de muchos fotógrafos, o de muchos artistas, cuando entienden que la obra está lograda, aunque después te la replantees, la cuestiones y la revises, pero hay un momento en que te quedas sin aliento porque sientes que allí diste con el instante.

Dentro de las múltiples preocupaciones que tengo y que me llevaron a iniciar este trabajo de conversaciones con fotógrafos y fotógrafas, está aquella que tiene que ver con la conciencia de la imagen que estamos haciendo, con la responsabilidad ética, estética y comunicacional sobre lo que estamos mostrando, y lo saturado que está el mundo de la fotografía, sobre todo en las redes sociales, con imágenes que se ubican en el lado contrario a esta responsabilidad. El afán por fotografiar y colgar de inmediato la imagen en las redes ha llevado incluso a que se desestime ese contener el aliento para lograr el clic perfecto, y la consecuencia parece ser el vacío conceptual, de sentido. ¿Cómo te ubicas frente a esa situación?

Bueno, hoy en día abrazo la tecnología, porque creo que como un hombre de mi tiempo es lo que tengo que hacer. Amé el pasado analógico, pero hoy estoy enamorado del presente tecnológico. Y creo que es lo que nos corresponde hacer, estar conectados con las herramientas de nuestro tiempo.

Vivimos un momento donde el lenguaje visual es preponderante y se ha convertido en el recurso más democrático del momento, pero también el más utilizado indiscriminadamente, sin criterio, sin compromiso, sin responsabilidad.

Pero bueno, el mundo de hoy es muy de imágenes y creo que el ser humano ha evolucionado un poco más a la imagen que a la palabra; la palabra implica más reflexión, la imagen es algo que entra más rápido y que te puede seducir muy fácilmente. Entonces, ante la posibilidad de que mucha gente construya imágenes siempre habrá unos que van a destacar por su manera de construir y de narrar, y que son los que van a trascender.

Esta circunstancia de nuestro tiempo es algo indetenible, por eso lo que podemos tener es una posición reflexiva y comprometida frente a ella y ante el trabajo que hacemos, aquellos que nos asumimos como constructores de imágenes. De hecho, yo hago imágenes y me cuesta tanto a veces publicar o mostrar, porque las cuestiono, dudo, siempre pienso que pudo haber sido mejor. Yo creo que muestro apenas una cuarta parte de lo que hago, por esa misma exigencia de hacerlo mejor.

R Luis Chino / T Miss Venezuela . Fotos: Fran Beaufrand

¿La fotografía es intuición o es intelecto?

Las dos. La fotografía es intuición e intelecto.

¿E ideología?

También puede estar mezclada allí, depende de quien construye la imagen. Pero todo puede darse. Hay fotógrafos que son absolutamente intuitivos y algunos muy intelectuales. Y qué afortunados aquellos que logran combinarlo con todo, hasta con la ideología. Es como la manera de contar de cada quien y en algunos domina quizás un área más que otra.

Lo ideal es que el fotógrafo tenga el intelecto, la intuición y, por supuesto, su ideología, a favor de lo que construye, que tenga una postura ante el mundo y que eso sea lo que transmita con su trabajo, porque es la manera de hablar de su tiempo, de sus circunstancias, de sus intereses. Eso es hablar de la vida a su manera, y es lo que nos interesa.

Frente a lo que estamos viviendo hoy en el país, ¿sientes que la fotografía está obligada a mostrar de alguna manera determinada esa realidad?

Me parece importante que eso pase y gracias a que hay muchos fotógrafos volcados hacia la calle, es que tenemos ese testimonio maravilloso de lo que es este momento histórico.

Admiro a los fotógrafos que tienen esa capacidad de moverse en la calle con valentía y ojo. Me conmueve su trabajo. No es mi área, pero no dejo de celebrar que muchos fotógrafos estén entregados a contarnos este momento tan importante de nuestra historia.

Creo que los fotógrafos, al igual que cualquier creador, tenemos temas, desarrollamos ideas, y hay algunos que se mueven bien en la calle, y otros que nos movemos bien en la intimidad. Yo sé moverme en lo íntimo, no sé hacerlo con la seguridad que un documentalista lo hace en la calle. Me puedo mover en la calle como un fotógrafo publicitario de los mejores y los más duros, pero eso es otra historia.

Has sido docente en fotografía, desde esa experiencia ¿cómo ves el actual incremento del interés por estudiar fotografía en muchos jóvenes y no tan jóvenes venezolanos, que llenan las escuelas, a pesar de la crisis y la dificultad de comprarse una cámara? Y cuéntame también si como docente has revelado el secreto para ser un exitoso fotógrafo de moda y publicidad.

Siento que en las últimas décadas Venezuela se convirtió en un espacio interesante para la fotografía y por eso surgió el desarrollo de las escuelas, que han abierto un camino para varias generaciones de fotógrafos. Yo he sido parte de ese proceso. Di clases por más de una década continua en la escuela de Roberto Mata y en otros institutos, algunos ya desaparecidos, frecuentemente doy charlas y conferencias, porque me gusta la docencia y considero que es importantísimo formar a las nuevas generaciones.

Torso. Foto: Fran Beaufrand

Y en ese sentido soy absolutamente desprendido y generoso con el conocimiento, porque estoy seguro de mí. No tengo temor en compartirlo, porque sé que los que vienen construirán su historia. Yo les doy herramientas, pero ellos no pueden tener las vivencias que yo tuve, porque las mías son parte de un recorrido propio y cada quien construirá a partir de su experiencia.

He tenido esa suerte, y quizás también soy el profesor que hubiera querido tener en esta área. Yo diseñé un programa para estudiar fotografía de moda, que es cómo a mí me hubiese gustado que me enseñaran la fotografía de moda, y creo que ha servido para formar nueva gente, y hoy día me doy cuenta de que muchos de los fotógrafos que pasaron por mi tutela son buenos fotógrafos de moda. Hay uno en Londres, otro en Nueva York, otros en Miami, otros en México, otros en Argentina, y trabajan con dedicación y con entrega, como les enseñé.

Así que para mí ha sido una experiencia sin egoísmo, que además considero importante porque mientras el gremio esté enriquecido por personas bien formadas vamos a tener mejores diálogos, mejores imágenes y mejores historias.

¿Cómo está la fotografía de moda hoy en Venezuela?

En un momento de crisis, como el país. El espacio para la creación es limitado. Y aunque se siguen haciendo proyectos, ya no es en la escala de las décadas pasadas. Se redujo todo a mínimas expresiones de lo que puede suceder en una industria como esta, porque es una industria importante la que conforma el mundo de la moda, y hoy en día, a pesar de que han surgido nuevos talentos, tanto en la creación de la moda, como en la fotografía de moda, nos encontramos con que todos trabajan con serias limitaciones, y los que no logran superar estas limitaciones se van.

Entonces, es un medio que está un poco fragmentado y se ha dispersado por la realidad del país. Ahora, mientras haya industria, habrá fotógrafos que trabajen para ella.

Si tuvieras que hacer una foto que, aún siendo dentro del ámbito de la moda, refleje la actual realidad del país, ¿cómo sería?

Trabajaría en blanco y negro, algo que hace tiempo no hago. Porque son como los extremos y creo que sería una imagen un poco desenfocada, continuando con esa serie de lo impreciso que he tratado ya a lo largo de algunas décadas, donde lo efímero, lo que se transforma, se desdibuja.

Creo que esa sería mi foto del momento.


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“¿Por qué entrevistas fotógrafos?” Me preguntan. “¿No dicen ellos todo con sus fotos?” “¿No basta con mirar sus imágenes para saber o sentir lo que expresan?” No, respondo. Como no dice todo el escritor con su novela, ni aun con su biografía escrita. Dicen sólo lo que ven y casi todo lo que piensan, algunos se atreven incluso a dejar salir lo que sienten. Dicen lo que ellos creen que deben decir, y eso está bien (muchas veces lo alivia, los aligera, otras los confunde, los entorpece, los hace caer en el delirio, pero está bien). La foto, al igual que la novela, suele convertirse en un universo que los rebasa y los oculta, que esconde el ser simple que en el fondo son. Y es allí donde me interesa llegar, después de haber navegado ese universo siempre fascinante, voluptuoso y al mismo tiempo aterrador que es la imagen fotográfica.

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