Ricardo y Anareli / Covid-19: Historias de la fase 3

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Julio 2020 / Ricardo Martínez @seniorballenon y Anareli Cervantes @cervantesanareli 30 años ambos, docentes en arte. Anareli es roomie en un depa que Ricardo renta en la #coloniacentro #cdmx Él nació en #aguascalientes y lleva 11 años en la capital. Ella es #chilanga. La #pandemia los ha afectado de forma diferente. Para Ricardo “no fue realmente significativo el cambio”, aunque confiesa que obtuvo “un respiro de algunas obligaciones y sobre todo tiempo de auto reflexión y autoanálisis”. Anareli ha descubierto que “hay tiempo para lidiar con uno mismo y sus pensamientos, algo nada sencillo y a veces duro”. Y para aliviar esa dureza ha asumido una rutina que “consiste en dialogar mucho con quienes vivo, conciliar, verlos, compartir y darme cuenta que ahora existo a través de quienes me rodean”.

Nuestro encuentro fue un domingo, que ambos aprovechaban para poner en orden el departamento y amenizar la charla con una cerveza. Recién llegado a #méxico renté una habitación a Ricardo vía Airbnb, es decir, compartí también ese espacio de la Colonia Centro con él y sé que es hogareño y que por ello el efecto psicológico de la #cuarentena puede resultar bajo, pero no así el económico, porque la renta por Airbnb se había constituido en un proyecto de negocio a largo plazo y “poco antes había pedido un préstamo que pensaba destinarlo para expandirme en Airbnb y financiar viajes para trabajar en el extranjero y dejar mi trabajo actual”. En el caso de Anareli la situación pasa por encontrar “qué hacer con este tiempo donde tampoco dan ganas de hacer mucho” y por “cuestionarse hasta la propia existencia y la del otro”. Lo que la lleva a creer que luego de esto se creará “una nueva tensión a la lista de miedos modernos” donde “quizá seamos más restrictivos con la vida cotidiana, pero también un momento para ponerse más creativo”. Ya Ricardo no se atrevé a vaticinar que pasará, pero su lado más positivo le “hace evidente la necesidad de una revolución del pensamiento y las relaciones sociales, enfocada en el cuidado mutuo”.

Es curioso cómo Anareli, en un principio, asumió la cuarentena como “el toque de queda necesario para evitar el colapso mental y físico de la vida cotidiana y de la rutina”, algo que ha terminado por no resultarle tan simple, aunque le ha llevado a entender la importancia vital del contacto humano.

Ricardo plantea una inquietud que es general; al igual que Anareli, él es docente y el tema del regreso a clases es uno de los puntos álgidos a resolver durante y después de la pandemia. Confiesa con honestidad que siente temor con la idea de trasladarse en transporte público para dirigirse a la escuela: “entre taxis, micros y metro estaré expuesto a muchas personas en mis trayectos, para finalmente llegar a aulas de 6×6 metros con más de 50 personas hacinadas”. En lo social no tiene claro qué sucederá, pero habla de la necesidad de cambios profundos en la conducta y la organización social. Sin embargo agrega lo siguiente: “mi pesimismo espera la solicitud común de gobiernos y medidas autoritarias que repriman y controlen más que actualmente. Quizá lo peor sería que no cambie nada después de esto”.