Diego Yánez / Covid-19: Historias de la fase 3

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Mayo 2020 / Diego Yánez @diego_gy9 17 años, estudia bachillerato y es buen dibujante. También es muy centrado y demuestra tener objetivos firmes. A finales de 2019 comenzó a trabajar en @cafeveramx, a 50 mts de su casa @SanMiguelChapultepec #cdmx. Y allí, el día que lo conocí, se mostró muy conversador. Vive con su mamá, un hermano menor y sus dos abuelos. Confiesa que extraña salir y llevar una vida normal. Ir a la Vocacional 2 —su escuela—, pasear con Karina Michel @mich.pexchy —su novia desde hace 6 meses— y atender clientes en la cafetería forman parte de esa añoranza. “Extraño las cosas que hacía, pero no se puede vivir de recuerdos, por eso trato de hacer momentos inolvidables de esto con las personas que amo”. Su postura no es entreguista ni asoma visos de derrota, quizás sí de un idealismo propio de adolescente, pero sin perder el centro de la realidad: “Siempre habrá situaciones que nos pondrán en peligro y está fue mundial, creo que la ignorancia, al menos aquí, nos ha llevado a no poder controlar la pandemia. Teorías siempre habrá y la desinformación siempre va a existir, somos muy manipulables. Solo espero que la gente sea empática con los otros”.

Ya sabemos que la “normalidad” no regresará en ausencia de una vacuna y por ello la vuelta a lo cotidiano habrá de hacerse de forma gradual y cautelosa. Para acceder a eso que ahora se denomina “nueva normalidad” México ha establecido un sistema de “semáforos” que considera la vulnerabilidad económica, la intensidad de transmisión del #coronavirus y la capacidad de resolución de cada localidad para cambiar de color. En CDMX aún estamos en rojo, lo que significa operatividad limitada a actividades consideradas esenciales, así como la continuidad de los protocolos de sana distancia y cuidado sanitario. La vuelta a clases aún está distante, así como el contacto físico frecuente. Para Diego, como para muchos adolescentes, el distanciamiento social impone un reto mayor, “Aunque creo que mi edad influye en la forma que me desenvuelvo diariamente, creo que me ha afectado, de alguna forma no me siento libre, me reprimo estando en casa”. No obstante este sentimiento no le obnubila la razón y resulta capaz de comprender la crisis más allá de sus necesidades particulares: “Todos hemos vivido la cuarentena de forma distinta. Ha sido difícil para la mayoría y sencilla para pocos. Pero todos deberían poner de su parte para cuidarnos”, advierte Diego.

Para quien escasean los recursos durante una crisis no hay tránsito fácil y jóvenes como Diego, sin privilegios económicos, deben optar por el trabajo temprano y el desarrollo de una conciencia solidaria que les permita superar las serias limitaciones impuestas por su realidad socio económica. De igual manera, las relaciones cercanas son un aliciente para la normal continuidad de la vida y cuando esto se trastoca pueden surgir estados de indefensión, como el que manifiesta con estas palabras: “extraño mucho trabajar toda la semana. Ahora solo lo hago los sábados, aunque es buen tiempo para salir un poco y distraerme a veces no da abasto. Me acostumbré a las salidas con mi novia toda la semana y su ausencia se siente. De verdad extraño levantarme para ir corriendo a trabajar, ahora solo me levanto cuando puedo y mi actividad es mínima”. Aún así, la juventud demuestra su fortaleza y su ánimo de superación, algo que al resto puede llenarnos de esperanza. Al final de la conversación, Diego apunta que, pese a la preocupante realidad de la pandemia, está seguro de que se creará una conciencia mayor sobre la salud y que la gente tomará medidas que apunten a ello y con humor decide dar un consejo: “Y no coman murciélago”.