Parallel

In May I had the opportunity to make a documentary photography workshop with Pep Bonet, founder of the agency Noorimages, at the same time reached a breaking point or advancement (especially in the emotional sense of both terms) with the experience I shared with children of the homeless shelter where, in my turn, gave a photography workshop and reading.
These images show today, are the result of the combination of these two situations. And although he never showed it to Bonet this photographic work – by which time I had great care with the experience with those children and not the photographer Noorimages – and therefore did not get his opinion or my participation in the sample which was prepared as close the workshop, I must confess that this little bother me – and believe me so I am sincere as ever in this case.
What was significant was my enjoyment with taking photographs, but mostly the level of proximity, emotional attachment, simplicity and respect that came my time at the shelter, with those children and their families. Everything was like a game marked by airy complicity.
Finally, there have been many moments shared with those people and know they will be many more, because they still have much to say and I to learn, and this is only part of a startup.

En mayo tuve la oportunidad de realizar un taller sobre fotografía documental con Pep Bonet, cofundador de la agencia Noorimages; al mismo tiempo llegaba a un punto de quiebre o de ascenso (todo en el sentido emocional de ambos términos) con la experiencia fotográfica y vivencial que compartí con los niños y niñas del refugio para damnificados donde, a mi vez, daba un taller de fotografía y lectura. Estas imágenes que ahora muestro son el resultado de la conjugación de aquellas dos situaciones y aunque, por el hecho de que me importó más la experiencia con aquellos niños que con Bonet, nunca le mostré al fotógrafo de la Noorimages este trabajo y, en consecuencia, no obtuve su parecer ni mi participación en la muestra que se preparó como cierre del taller, debo confesar que eso me incomodó poco -y créanme sincero porque lo soy como nunca en este caso-. Lo significativo fue mi disfrute con la toma de las fotografías, pero sobre todo el nivel de proximidad, de vínculo emotivo, de sencillez y de respeto al que llegaron mis momentos en aquel refugio, con aquellos niños y sus familiares. Todo fue como un juego marcado por diáfanas complicidades. En fin, han sido muchos los momentos compartidos con aquellas personas y sé que serán muchos más, porque ellos aún tienen qué decir y yo qué aprender, y todo esto es sólo parte de un inicio.

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